Lo que diferencia a la bomba atómica de una ordinaria es que emite rayos radioactivos. Los rayos radioactivos son invisibles pero causan daños en el interior de las células produciendo, así, lesiones muy graves en el cuerpo humano.
Las consecuencias de los daños causados por los rayos radioactivos se manifiestan en un principio por hemorragias subcutáneas, es decir, debajo de la piel, diarrea y por la pérdida del cabello. Transcurridos más de 10 años de haber sido expuesto a la radioactividad, pueden aparecer enfermedades como el síndrome de las cataratas de la bomba atómica, leucemia, cáncer de estómago o de colon.
Es imposible predecir qué tipo de enfermedad se desarrollará ni cuándo.
Los afectados por la bomba atómica viven siempre con miedo porque pueden padecer cáncer o leucemia en cualquier momento.
Todavía no se conocen a ciencia cierta los efectos exactos de los rayos radioactivos en el cuerpo humano o en el ambiente. Los sufrimientos que comenzaron en aquel fatídico verano no lograrán ser curados en sus vidas.